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¿Qué es la Farmacovigilancia? |
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La utilización de los medicamentos requiere que el beneficio de su empleo sea
superior a los riesgos que pueda generar. Idealmente debieran utilizarse
medicamentos que aporten un beneficio sin ningún riesgo. En la práctica, el uso
de la mayor parte de los medicamentos implica un cierto riesgo que debe
conocerse y reducirse al mínimo.
La Farmacovigilancia es la actividad de salud pública que tiene por
objetivo la identificación, cuantificación, evaluación y prevención de los
riesgos del uso de los medicamentos una vez comercializados.
Para cumplir dicho objetivo, la farmacovigilancia estudia el uso
y los efectos de los medicamentos en los
pacientes, genera señales o alertas sobre posibles reacciones adversas a un
medicamento, investiga dichas señales poniendo en marcha cuando es preciso
nuevos estudios para cuantificar el riesgo y establecer la relación de
causalidad y, tras evaluar toda la información disponible, toma las medidas
necesarias e informa del riesgo y de dichas medidas a los profesionales
sanitarios y a los pacientes con el fin de prevenirlo.
Las medidas pueden incluir la modificación de la ficha técnica y del prospecto para el paciente, el
establecimiento de una vigilancia especial, la restricción de su uso en grupos
especiales de población e incluso la retirada del medicamento.
La responsabilidad de la farmacovigilancia es
compartida por todos los que utilizan el medicamento: la industria
farmacéutica, las autoridades sanitarias, el médico, el farmacéutico, el
enfermero y el paciente. Todos deben compartir la máxima información sobre cómo
utilizar óptimamente los medicamentos y sobre cómo identificar lo más
rápidamente posible las reacciones adversas graves o desconocidas en el momento
de su autorización, para así poder prevenirlas o reducir su frecuencia y
gravedad.
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¿A qué se denomina reacción adversa? |
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Una reacción adversa a un medicamento es cualquier efecto que
sea nocivo y no intencionado, y que tenga lugar a dosis que se apliquen
normalmente en el ser humano para la profilaxis, el diagnóstico o el
tratamiento de enfermedades, o para la restauración, corrección o modificación
de una función fisiológica.
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¿Por qué es necesaria la Farmacovigilancia? |
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Los medicamentos, antes de su comercialización, se utilizan
en un número muy limitado de pacientes, durante poco tiempo y de manera muy
controlada. Sin embargo, una vez comercializados se utilizan en un número mucho
mayor de pacientes, pudiendo incluir ancianos, niños, embarazadas y pacientes
con otras enfermedades u otros tratamientos. En estas condiciones pueden
aparecer nuevas reacciones adversas, a veces graves, que no se descubrieron en
las fases anteriores a la comercialización por su baja frecuencia o porque
estos grupos de pacientes fueron excluidos de los ensayos clínicos.
Para identificarlas es necesario un sistema de vigilancia
postcomercialización, que en España se denomina Sistema Español de
Farmacovigilancia.
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¿Qué es el Sistema Español de Farmacovigilancia (SEFV)? |
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Es una red de Centros que trabajan coordinadamente desde 1985. Se inició de forma
piloto en Cataluña, Cantabria y Navarra y actualmente está extendido a la
totalidad de las Comunidades Autónomas. Tiene por tanto una estructura
descentralizada que integra las actividades que las Administraciones Sanitarias
realizan para recoger y elaborar la información sobre reacciones adversas a los
medicamentos coordinadas por el Ministerio de Sanidad y Consumo a través de la
Agencia Española del Medicamento (AEM).
A su vez, el Sistema Español de Farmacovigilancia se integra dentro del Programa
Internacional de la OMS, que funciona en sesenta y cinco países y que tiene su
Centro Coordinador Internacional en Suecia. Este Programa también se denomina
“Programa de Notificación Espontánea de Sospechas de Reacciones Adversas a
Medicamentos (Tarjeta Amarilla)”.
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¿En que consiste el Programa de la Tarjeta Amarilla? |
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Su objetivo es generar de manera precoz “alertas” sobre la
posibilidad de que un medicamento sea el causante de una reacción adversa. Por
ello se piden sospechas y no
diagnósticos seguros, y se necesita que todos los profesionales sanitarios
notifiquen sus sospechas porque sólo si aparecen de manera repetida dejarán de
ser sospechas.
La notificación se realiza a través de unas hojas de recogida
de datos conocidas como “Tarjetas
Amarillas”. Estas son remitidas al Centro de Farmacovigilancia donde son
evaluadas, codificadas e incorporadas a una base de datos nacional (FEDRA) que
cuenta actualmente con más de 75.000 registros y que a su vez está conectada a
la base central de la OMS con más de 2.000.000 de registros. El análisis de
esta información permite a las autoridades sanitarias tomar medidas reguladoras concretas ante la
aparición de reacciones adversas, incluyendo la retirada del mercado.
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¿Qué no es el Programa? |
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El Programa de la Tarjeta Amarilla no es
un programa para controlar cómo se utilizan los medicamentos ni para valorar
los hábitos de prescripción. Los datos del paciente y del notificador son
absolutamente confidenciales.
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